Un reto apasionante

Elreto ESADE Un reto apasionanteDurante las recientes fechas navideñas he releído un artículo del profesor Francisco Longo sobre el impacto de la globalización y la revolución digital en las instituciones académicas. Se trata de una más que brillante aportación para entender los retos a los quenos enfrentamos quienes hoy nos dedicamos a la educación y a la gestión de sus instituciones. Y es que tenemos ante nosotros la maravillosa oportunidad de dar forma a lo que será la experiencia educativa de las próximas generaciones de estudiantes.

Quisiera soñar que en un futuro no lejano la educación llegará a todos los rincones del planeta y a todas las personas independientemente del lugar, familia y entorno en el que hayan nacido. La tecnología y la comunicación van a ser elementos clave. Pero el desafío va mucho más allá: nuestras instituciones educativas deben diseñar nuevos modelos de aprendizaje para personas que afrontan retos de gran envergadura.

Cita en su artículo el profesor Longo a Eric Hoffer: “En tiempos de cambio drástico, son los que aprenden quienes heredan el futuro. Los que ya saben suelen encontrarse muy bien equipados para vivir en un mundo que ya no existe”. La educación superior de nuestro tiempo debe centrarse justamente en quienes aprenden, y hacer de ese aprendizaje una herramienta transformadora, de ellos mismos y del mundo que les rodea.

Los jóvenes viven hoy una época de infinitas oportunidades y posibilidades. El conocimiento básico se ha vuelto abierto, barato y accesible masivamente desde cualquier lugar y en cualquier momento. La democratización del conocimiento es una de las maravillas creadas por la innovación tecnológica y su difusión a escala global. Pero no todo es de color de rosa. Esta fácil accesibilidad tiene también sus servidumbres. Induce a menudo a la fragmentación de los saberes, el desconcierto a la hora de jerarquizarlos, la superficialidad en su adquisición y manejo.

Gestionar la ingente carga cognitiva que recae sobre las personas de hoy y de mañana requiere un esfuerzo educativo renovado. Hay que ayudar a entender y manejar un mundo mucho más complejo y dinámico. Para ello, hay que dotar a quienes aprenden de capacidades específicas: el discernimiento, la profundidad, el rigor analítico y la capacidad para moverse de unos a otros campos del saber, relacionándolos entre sí. Todo esto no lo consigue la tecnología por sí misma. Tampoco lo garantizan los métodos educativos tradicionales. A menudo estos son demasiado verticales, jerarquizados y centrados en la mera transmisión de conocimientos.

La clave del éxito será triple: estudiantes más autónomos y responsables de su propio aprendizaje; profesores capaces de asumir un rol más horizontal e interactivo centrado en consolidar conocimiento básico previamente adquirido, ponerlo a prueba y facilitar su puesta en práctica; entornos educativos que faciliten y estimulen la co-creación, el trabajo en equipo, la diversidad, la solución de retos, la creatividad y la comprensión de entornos complejos.

En todo eso estamos trabajando en ESADE, poniendo al estudiante en el centro de nuestro propósito y explorando metodologías innovadoras que marcarán nuestro día a día en un futuro inmediato. En este empeño de renovación desempeñarán un papel central los contenidos humanísticos de nuestros programas. Las humanidades no son simplemente la guinda del pastel, sino instrumentos básicos para entender la realidad y el cambio. Y sólo si facilitamos en nuestros estudiantes una comprensión real del mundo en el que viven conseguiremos que se conviertan en personas capaces de transformarlo.

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